“Un buen día de 1896, Federico Paternina expresó con vino una forma de entender la vida. Hoy, es la mejor apuesta por la búsqueda del reflejo de los auténticos vinos de La Rioja”

Federico fue el impulsor de una de las bodegas vinícolas más grandes del mundo, no solo por su tamaño, sino por su calidad que ha trascendido más allá del tiempo. Su marca está ligada a la más pura esencia de la región española de La Rioja, famosa entre otras cosas gracias la marca de su nombre, en la bella localidad de Ollauri.

En medio de amplias planicies que existían desde el Siglo XVII, profundas cavas oradadas en la piedra de hasta 40 metros bajo el suelo permitieron la creación de una cultura, de un producto único que alcanzó a todo el mundo. En dichas cavas se guardaban los vinos, resguardándolos de los designios de la naturaleza y dándoles ese toque tan característico.

Siempre fiel a sus orígenes, pero sin dejar de renovarse, la bodega de Federico Paternina fue pasando páginas, formando parte de la historia del vino y de España mismo. Tras distintas etapas, la historia reciente de Paternina la escribe la familia Eguizábal, que se hizo cargo de la bodega en 1984.

En este nuevo período, las bodegas de Paternina, con más de 100 años de historia, fueron restauradas y abiertas para todo aquel que quiera ser testigo de un emblema en la historia del vino. Su remodelación se llevó a cabo en un minucioso proceso en el que se mantuvo intacto el aspecto original, iniciativa que le valió a la región de Ollauri el premio Best Of por la excelencia de la restauración.

Es en ese laberinto de historia, donde nace el futuro, la nueva imagen, en manos de los hermanos Eguizábal, herederos del dinamismo y competencia que siempre ha tenido esta bodega. Así, los vinos Federico Paternina mantienen el equilibrio perfecto entre su rica historia y la innovación, todo en su carta de productos que puede encontrar en La Huerta Cajicá

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